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martes, 30 de octubre de 2007

Félix en Bienvenido a Casa

FÉLIX (es ciego):

“Samuel, si tienes un momento me gustaría hablar contigo, porque es que hay algo que me corroe desde hace días.... ya se que no somos tan amigos, pero quiero que sepas que me siento muy mal con todo esto que está pasando. Yo te he envidiado todo este tiempo. Tu tienes tu chica, tu no tienes que volver solo a tu casa todas las noches y eso tienes que pelear por conservarlo.

Joder, Samuel. Yo no te diría todas estas cosas delante de los demás, pero es que yo se lo que es la oscuridad y lo se muy bien porque vivo de lleno en ella. Pero hay mucho peor que tener que pasarte la vida masturbándote con revistas pornográficas en relieve o peor aún, sufriendo los recuerdos antiguos que se te clavan en el alma como puñales. Lo peor de todo es no sentir cerca de ti el roce de una piel de mujer y tener que despertarte todas las mañanas de tu vida completamente sólo. Te sientes tan inútil al no poder ayudar a otra persona, que empiezas a rebuscar entre las sombras a alguien que quiera compartirlo todo contigo.
Pues yo Samuel, todas las mañanas sigo esperando todas las mañanas ese susurro delicado y sueve que me cuente al oído como es el árbol que yo se que está al final de la calle. O un atardecer. O una gota de agua que se resbala por la ventana cuando llueve. ..Y que me acompañen al cine y que me digan si la película está hecha con planos cortos o con planos generales, joder, que es uno ya no sabe a que carta quedarse con los directores de hoy en día.
Y follar si, como no, pero sintiendo que te abrazan y que te protegen...
Así que cuida lo que tienes, Samuel, porque no sabes lo afortunado que eres”.

...gracias a Alday.

Eva en Bienvenido a Casa

Eva:

"Hay una cosa que no si te he contado alguna vez. Es una imagen de mis padres que tengo grabada. Yo tenía 12 o 13 años. Mi padre se pasaba el día arreglando el coche en el jardín. Era un coche viejo que había sido de su padre. Yo a veces le ayudaba y me quedaba horas allí con él, oyéndole silbar bajo el coche. Una día, mi madre, como hacía todos los días para avisarle de que ya estaba la cena, se acercó hasta allí y se agachó a su lado. Recuerdo que le pregunto: “¿querrás la carne que ha sobrado del mediodía o te hago unas croquetas? Y mi padre le contestó: “lo que más rabia te de”. Pero la manera con que mi madre posó la mano en su muslo, el contenido de la conversación, sin apenas importancia, para mi, en ese momento resumió todo lo que eran como pareja. Pero esa caricia que le hizo al levantarse, fue mágica. También era un gesto de amor.

No se... esta noche he pensado mucho en eso. En que era bonito, pero había que estar dentro de ellos para saber lo que sentían. Por qué también es triste. Y tu no quieres eso.

No vas a encontrar tu ropa. Te he hecho la maleta. Hay está tu libertad. Quiero que la recuperes... se que no va a funcionar... tu no soportas esto. No somos una foto congelada en nuestro mejor momento. Por eso no quiero arruinarlo todo, que nos acabemos odiando..."

...gracias a Alday.
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