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miércoles, 31 de octubre de 2007

Ser o No Ser - I

Hamlet:

Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir... nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne... Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir... quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, pero el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción.

...gracias a Rakel.

martes, 30 de octubre de 2007

Ser o No Ser

Ser o no ser... He ahí el dilema.

¿Qué es mejor para el alma, sufrir insultos de fortuna, golpes, dardos o levantarse en armas contra el océano del mal y oponerse a él y que así cesen?

Morir, dormir... Nada más; Y decir así que con un sueño damos fin a las llagas del corazón y a todos los males, herencia de la carne, y decir: Ven, consumación, yo te deseo.

Morir, dormir, dormir... ¡Soñar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el sueño de la muerte, ¿Qué sueños sobrevendran cuando despojados de ataduras mortales encontremos la paz?

He ahí la razón por lo que tan longeva llega a ser la desgracia.
¿Pues quién podrá soportar los azotes y las burlas del mundo, la injusticia del tirano, la afrenta del soberbio, la angustia del amor despreciado, la espera del juicio, la arrogancia del poderoso, y la humillación que la virtud recibe de quién es indigno, cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso en el filo desnudo del puñal?

¿Quién puede soportar tanto? ¿Gemir tanto? ¿Llevar de la vida una carga tan pesada?
Nadie, si no fuera por ese algo tras la muerte - ese país por descubrir, de cuyos confines ningún viajero retorna - que confunde la voluntad haciéndonos pacientes ante el infortunio antes que volar hacia un mal desconocido.

La conciencia, así, hace a todos cobardes y, así, el natural color de la resolución se desvanece en tenues sombras de pensamiento y, así, empresas de importancia, y de gran valía, llegan a torcer su rumbo al considerarse para nunca volver a merecer el nombre de la acción.

Pero, silencio... La hermosa Ofelia.
¡Ninfa, en tus plegarias, jamás olvides mis pecados!

...gracias a Xamsham.
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